26 de diciembre de 2013

Volver a Wallace Stevens


UNA CUALQUIERA SE RECLINA EN SU DIVÁN

Sobre su costado, apoyada en su codo.
Este mecanismo, esta aparición,
supongamos llamada Proyección A.

Flota en medio del aire a nivel
del ojo, del todo anónima,
nacida, pues lo fue, a los veintiuno,

sin linaje ni lenguaje, solo
la curvatura de la cadera, como un inmóvil gesto,
ojos empapados de azul, tanto que aprender.

Si justo sobre su cabeza estuviera colgada,
suspendida en el aire, la más débil corona
de puntas góticas y el brillo de costumbre,

la suspensión, como en un espacio sólido,
retirada la mano suspendida, sería
un gesto invisible. Que esto se llame

Proyección B. Alcanzar la cosa
sin gestos es alcanzara como
idea. Flota en la contienda, el flujo

entre la cosa como idea y
la idea como cosa. Ella es a medias quien la hizo.
Esta es la definitiva Proyección C.

La distribución contiene el deseo del
artista. Pero uno confía en aquello que no tiene
un creador escondido. Uno recorre fácilmente

la costa sin pintar, acepta que el mundo
sea cualquier cosa menos una escultura. Adiós,
señora Pappadopoulos, y gracias.

(Wallace Stevens, Transport to Summer, 1947)


(Traducción, A. Catalán)
(Original, aquí, en voz de Stevens)


Más Wendy Cope



TRAS EL ALMUERZO 

En el puente de Waterloo, donde nos dijimos adiós,
las condiciones meteorológicas me hacen llorar.
Me las seco con uno de mis negros guantes de lana
y trato de no darme cuenta de que me he enamorado.

En el puente de Waterloo intento pensar:
No es nada. Estás colocada de carisma y alcohol.
Pero en la gramola que llevo dentro suena una canción
que dice otra cosa. ¿Y cuándo no ha acertado?

En el puente de Waterloo con el viento en el pelo
estoy tentada de saltar. Estás idiota. Me da igual.
La cabeza hace lo que puede pero manda el corazón:
lo reconozco antes de llegar a cruzar al otro lado.


(Wendy Cope, Two Cures for Love, Selected Poems 1979-2006)
(Traducción, A. Catalán)
(El original, por ejemplo, aquí)


7 de diciembre de 2013

Una versión de un poema de Wendy Cope


"Hoy en día, si te ven leer poesía en el tren, el vagón se vacía instantáneamente".
Andrew Motion en una entrevista en The Guardian

Efectivamente, es cierto. He ido aquí y allá
bastante en tren. Muy a menudo explico
que si primera clase no pudiste pagar
un libro de poemas cómprate en su lugar.
Así, si encuentras los asientos ocupados,
enarbola tu Edward Thomas, Yeats o Pound.
A tus colegas de vagón, muy alterados,
no les apetecerá seguir allí sentados.
La sociología ferroviaria más reciente
muestra que leer en voz alta es lo mejor:
elige algún que otro fragmento y será suficiente
para quedarte a solas totalmente.
Esta táctica es una bendición para insociables
y muestra que la poesía sí que es indispensable.

(Wendy Cope, Two Cures of Love, Selected Poems 1979-2006, F&F, 2008)

(Traducción, A. Catalán)


19 de noviembre de 2013

Stephen Dunn, motos, naranjos y el Herald Tribune


Antonio Rivero Taravillo se refería hace poco (aquí) a un poema de Stephen Dunn en el que este alude a su vida en España, cuando al inicio de su carrera literaria decidió mudarse a nuestro país para escribir una (pésima, según el propio Dunn) novela. Es una visión muy guiri, todo hay que decirlo, muy alejada de la mirada crítica y entristecida de Philip Levine (de cuyos poemas sobre España pronto daré más -felices- noticias). 

Dejo aquí la traducción de dicho poema. El original puede encontrarse, por ejemplo, aquí.


SALVAJE

El año que tuve una moto e iba hendiendo el aire
por el sur de España, y era capaz de oler las naranjas
de los huertos de naranjos al pasar a su lado
por las afueras de Sevilla, comprendí
que llevaba viajando demasiado tiempo en coche,
probablemente incluso debería conseguirme un caballo,
convertirme en algo elevado, algo conectado a la carne
rodeado de toros y de vacas.
Mi flamante esposa tenía cierto brío
que me preocupaba y me excitaba, un historial
de saber pasar página. Vino de espita por dos duros,
langostinos y angulas, incluso el idioma
se me antojaba peligroso en los labios. Por las mañanas,
desprovisto de hielos el congelador,
solía salir a toda velocidad en mi moto hasta casa del vendedor de hielo,
atar un gran boque rectangular
al asiento supletorio en el que a menudo se sentaba mi mujer
bien pegada a mí, los brazos rodeándome la cintura.
En las calles el olor del aceite de oliva,
el ruido de los hombres indecisos entre la iglesia
y el sexo, sus cuerpos tensos, heréticos.
Y las mujeres, elegantes, reservadas,
o desaliñadas, rebosantes de júbilo, un Cristo
alredor del cuello.
Nuestros vecinos nos mostraron cómo encerrarnos
por las tardes,
la estupidez de no tenerle respeto al sol.
Nos perdonaron quiénes éramos.
Por las noches solíamos turnarnos el Herald Tribune
para matar mosquitos, ensangrentadas las paredes del dormitorio
en este país famoso por la sangre;
no lográbamos matar nunca bastantes.
Cuando el Levante, el ventarrón, llegó desde África
con su arena y su calor, perturbando las cosas,
trajo consigo una lección, inaprensible,
acerca de hasta dónde puede llegar cierto salvajismo.
El dinero se nos acabó. Vendí la moto.
Nos marchamos sin ni siquiera saberlo
a ocupar nuestros lugares más tranquilos del mundo.

(Stephen Dunn, What goes on, 2009)
(Traducción, A. Catalán)


5 de noviembre de 2013

El último poema conocido de Seamus Heaney


“La poeta laureada Carol Ann Duffy invitó a Heaney a participar en una antología homenaje a propósito del centenario del estallido de la primera guerra mundial. Pidió a los poetas que dieran respuesta a poemas, cartas y diarios de la época.

  Heaney eligió el gran poema de Edward Thomas, ‘As The Team’s Head Brass’ (‘El latón de las cabezadas’), que escribió en 1916, poco tiempo antes de que solicitara ser destinado al frente: una decisión que desembocaría en su muerte en Arras al año siguiente.

  En respuesta Heaney escribió ‘In a Field’ (‘En un campo’), terminado en junio, dos meses antes de su propia muerte y ahora publicado por primera vez”.

(De la noticia en The Guardian, 25-10-2013, aquí)


EN UN CAMPO

Y allí estaba yo en medio de un campo,
los surcos que llamaban “marcas” brillantes todavía,
el tractor, izado el arado, que acaba de irse
rugiendo a una velocidad insospechada
por la carretera. La última tarea de todas;
han labrado los recodos, con los montones
en tres capas o cuatro en cada uno de los cuatro lados
de la tierra que respira, para delimitarla
del todo. Dentro de esa frontera ahora
pisa la tierra carnosa y persigue
las huellas ya cicatrizadas de quien llegó
desde ninguna parte, extraño y desmovilizado,
en caquis abotonados y lustradas botas militares,
magullando los acres labrados de nuestro campo trasero
para acabar tropezando con el anillo mágico de los recodos
y cogerme de la mano para llevarme de vuelta
a través de la misma vieja verja hasta el jardín
donde todo el mundo ha aparecido de repente,
todos quietos y expectantes.

(Seamus Heaney, 2013)
(Traducción de A. Catalán & B. Clark)



4 de noviembre de 2013

Hugo Williams haciendo teatro


CREPUSCULO EN EL WEST END

Hugo Williams está sentado con cierto aire
temeroso e inquieto en los salones de té
del Hotel Waldorf. Su apariencia, oscura,
traje formal y corbata, pañuelo de seda
colocado a la vista en el bolsillo del pecho,
le hace parecer un actorzuelo pasado de moda.
Es casi como si estuviera vestido
para un funeral, y en cierto sentido lo está.

Los viejos teatreros entusiastas de la comedia
inglesa de salón y los viejísimos seguidores
de las viejas películas en las que los tipos auténticos
mantenían el tipo y los bigotes, todo el equipo
completo de clase alta desde la chistera
hasta la gardenia en el ojal, se acordarán
de su padre, el actor y dramaturgo
Hugh Williams, de quien escribe tan conmovedoramente.

El actor brilló por vez primera en el Hollywood de los 30,
se desvaneció en el ejército el tiempo que duró
la guerra, después resurgió afable y canoso
como actor-autor, a cargo de la bandeja de las bebidas
en una serie de elegantes comedias ligeras,
lo que le permitía actuar haciendo de sí mismo
en el mundo que mejor conocía: un mundo olvidado,
que ha sido recreado aquí por su hijo.

Rebuscando entre viejas cartas, ha saqueado el pasado
para imaginarse a sí mismo en la vida y personalidad
de su padre. Según las vidas del padre y el hijo
se aproximan, la percepción del pasado se altera.
Ciertos reflejos centellean una y otra vez
mientras vemos a Hugo Williams dar una vuelta
por el largo crepúsculo de la comedia ligera
de la clase media-alta, cogido del brazo de su hijo.

(Hugo Williams, West End Final, 2009)
(Traducción A. Catalán)



1 de noviembre de 2013

De cena con Stephen Dunn



EN EL RESTAURANTE
 
La vida sería insoportable
si tomásemos conciencia de ella.
Fernando Pessoa
 
Seis personas son demasiadas personas
y un lugar público el lugar equivocado
para lo que estás pensando

—detén esto ahora—.

¿Quién te crees que eres?
El pato à l'orange es espectacular,
la tarta la mejor de la ciudad.

Pero ahí entre tus amigos
están los sobreentendidos, como siempre,
la cháchara y la alegría como canción de costumbre.

Y está tu vacío crónico
que sube en espiral en busca de palabras
que no te atreverás a decir

sin ironía.
Deberías haberte quedado en casa.
Es parte del contrato social

aparentar estar donde está tu cuerpo,
y, por el amor de Dios, has estado en otra parte,
 como ahora, incontables veces;

compórtate, disimula.

Seguro que crees que parte de la buena educación
es hacer la vista gorda, dejarlo pasar.
Alaba la ensalada César. Alaba el vestido negro

de Susan, el ascenso de Paul y su aumento de sueldo.
Imperdonable, la masacre en este mundo.
Insuficiente, el hombre simplemente honrado.




(Stephen Dunn, En otro momento, Delirio, 2013)
(Traducción de A. Catalán y B. Clark)

Sobre el libro, más, aquí.



12 de octubre de 2013

Una canción de John Berryman (The Dream Songs, 14)



14

La vida, amigos, es aburrida. No deberíamos decirlo.
Después de todo, el cielo brilla, el inmenso mar anhela,
nosotros mismos brillamos y anhelamos,
y además mi madre me decía de niño
(repetidamente) "Solamente el confesar que te aburres
ya significa que no tienes

Iniciativa Propia". Deduzco ahora que no tengo
iniciativa propia, porque estoy profundamente aburrido.
La gente me aburre,
la literatura me aburre, especialmente la alta literatura,
Henry me aburre, con sus apuros & lamentos
tan graves como los de aquiles,

que adora a la gente y al arte valiente, lo cual me aburre.
Y las colinas sosegadas, & la ginebra, parece un rollo
y de alguna manera un perro
se ha llevado a sí mismo & a su cola considerablemente lejos
hasta las montañas o el mar o el cielo, dejando
atrás: a mí, tunante.


JOHN BERRYMAN
(Traducción, A. Catalán)
(El original, aquí)

6 de agosto de 2013

Un (otro) poema de Philip Schultz


AVARICIA

Mi ciudad de la costa se esfuerza
en recoger las hojas,
ofrecer cursos de verano,
y mantener la biblioteca abierta.
Cada día
más hombres aguardan
en la estación de tren,
esperando a que los contraten.
Puesto que la creencia
es que los hispanos trabajarán por menos
los escogen primero,
mientras los blancos y los negros
esquivan el terror
en los ojos de unos y otros.
Nuestro chapuzas, Santos,
que cuenta solamente
con lo que sus manos le consigan,
está orgulloso de su medio acre en Guatemala,
donde planea jubilarse.
Su deseo de proceder con dignidad
es admirable, pero bien sabe
que ahora ya nadie se jubila,
solo se trabaja más duro.
Mi padre se imaginó una vida
más satisfactoria que aquella
que al final logró llevar.
No se veía como alguien inculto,
frustrado, o amargado,
sino como alguien a-punto-de ser rico.
Creía que hacerse rico era su derecho.
La felicidad, solía pensar yo,
es una ilusión necesaria.
Ahora pienso que son solo
valiosos instantes de alivio,
como soñar con Guatemala.
Algunas veces, por la noche,
en invierno, rodeado por
el elocuente silencio
de las mansiones vacías,
que fueron una vez pequeñas casas
en las que la gente vivía sus vidas,
y son ahora propiedad de los bancos
y los ricos ausentes,
me gusta permanecer en la ventana,
buscando el inútil parpadeo de una tele,
siempre sorprendido de ver
en su lugar
el singular, poroso rostro
de mi propio reflejo,
absorto
en su única abundancia.

(Philip Schultz)
(Traducción de Andrés Catalán)
(El original, aquí)



5 de agosto de 2013

Breaking Bad y Shelley


OZYMANDIAS

Encontré un viajero de una tierra remota, 
que me dijo: Dos enormes y desbastadas piernas de piedra
se alzan en el desierto... cerca de ellas, en la arena,
medio hundido, yace un semblante roto, cuyo ceñudo gesto,
sus labios contraídos y su gesto tirano,
indican que el escultor bien leyó esas pasiones
que todavía sobreviven, estampadas, en los objetos sin vida,
la mano que se burlaba, y el corazón que las guiaba;
y en el pedestal, escritas estas palabras:
“Mi nombre es Ozymandias, Rey de Reyes,
¡contemplad mis trabajos, oh poderosos, y desesperad!”
Nada queda en torno. Alrededor de las ruinas
del colosal naufragio, hasta donde la vista alcanza
se extiende solamente la arena solitaria.

(Percy Bysshe Shelley)

(Traducción de A. Catalán)
El original, aquí.
  


14 de julio de 2013

Un poema de la polaca Anna Świrszczyńska


UNA MUJER LE HABLA A SU MUSLO

Es solamente gracias a tu buen aspecto
que puedo tomar parte
en los ritos del amor.
Gozos místicos,
traiciones deliciosas
como un pintalabios carmesí,
depravados rococós
de complejidades psicológicas,
dulzuras de anhelos carnales
que te dejan sin respiración,
abismos de desesperanza
que se hunden hasta el mismísimo fondo del mundo:
todo esto te debo.

Con cuánta ternura debo cada día
azotarte con un látigo de agua fresca,
si solamente tú me permites poseer
belleza y sabiduría
irremplazables.

Las almas de mis amantes
se abren a mí en un instante de amor
y quedan bajo mi poder.

Observo igual que un escultor
al trabajar
a sus rostros cerrarse de repente en sus párpados,
martirizados por el gozo,
opacados
por la felicidad.
Leo igual que un ángel
los pensamientos de sus cráneos,
siento en la mano
el latido de un corazón,
atiendo a las palabras
susurradas por un ser humano a otro
en el instante más sincero de la vida.

Penetro en sus almas,
deambulo
por un camino de deleite o de horror
hasta unas tierras tan inconcebibles
como el fondo del mar.
Más tarde, cargada de tesoros
retorno lentamente
hasta mí misma.

Ah, cuántas riquezas,
cuántas valiosas verdades
creciendo inmensas en un eco metafísico,
cuántas iniciaciones
delicadas y deslumbrantes
te debo, muslo mío.

El refinamiento más exquisito de mi alma
no me ofrecería ni uno solo de esos tesoros
si no fuera por el claro, delicado encanto
de un pequeño, amoral animalillo.


(Traducción, desde la versión inglesa de Czeslaw Milosz, de A. Catalán)


(Egon Schiele)

15 de junio de 2013

A la esperanza nunca seré Ícaro


EL VUELO Y EL FRACASO

Todos se olvidan de que Ícaro también voló.
Lo mismo pasa cuando el amor llega a su fin,
o el matrimonio fracasa y la gente dice
que sabían que era un error, que todo el mundo
decía que jamás funcionaría. Que ella era
lo bastante mayor para saber lo que hacía. Pero todo
lo que merece la pena la merece también si se hace mal.
Como el estar allí a la orilla de aquel océano
en verano al otro lado de la isla mientras
el amor se le desvanecía, las estrellas
brillantes en lo alto aquellas noches en las que
cualquiera podría haberte dicho que no iba a durar.
Todas las mañanas ella seguía dormida en mi cama
como una visitación, su delicadeza igual
a la del antílope en medio de la neblina del amanecer.
Cada tarde la observaba cuando volvía
atravesando el ardiente pedregal después de nadar,
la luz marina tras de ella y el cielo enorme
al otro extremo de aquello. La escuché hablar
mientras comíamos. ¿Cómo pueden decir
que el matrimonio fracasó? Como la gente que
volvía de Provenza (cuando era aún Provenza)
y decía que muy bonito pero que la comida muy grasienta.
Creo firmemente que Ícaro no fracasaba en su caída,
sino que simplemente llegaba al final de su triunfo.

(Jack Gilbert, el original aquí)
(Traducción de Andrés Catalán)


30 de abril de 2013

Sobre Mythistórima, de Seferis


Algo cantó en el firmamento,
el pasado, amigo mío, se te impuso,
las cargas del amor y la costumbre.
En la sangre se despertaron las olivas,
llenas de orgullo las piedras atenienses
recordarán, se lamentarán y a menudo te bendecirán.

[...]

Oh, amigo mío, la historia con todos sus acuerdos
no puede perturbar el recorrido que esto traza,
a solas en el hogar, una vela solitaria que arde
sobre una mesa en la inmensidad de toda Grecia.


(Lawrence Durrell, 'Carta a Seferis el griego')
(La traducción es mía)


En el último número de El Cuaderno, firmo una pequeña reseña sobre el volumen de la poesía completa del premio Nobel griego Yorgos Seferis, Mythistórima, editado el año pasado por Galaxia Gutenberg en estupenda traducción de Selma Ancira y Francisco Segovia. Para leer la reseña, click aquí.


27 de abril de 2013

'El catedrático', de Joshua Mehigan


EL CATEDRÁTICO

Llego pronto y consigo una silla.
Estrujo el vasito de vino. Cabeceo.
Torpemente mastico un panecillo
y secundo una opinión que no comparto.
Pienso: quienquiera que yo sea, lo seré en otro lado.
Después, me escapo por el patio en busca
de aire fresco, a solas otra vez, gracias a dios.
A nadie le importa. Llevan razón en no importarles.

No puedo irme a casa. Incluso mi familia
me desdeña muy concienzudamente.
Se me ve mal. Soy tal y como se me ve.
Estos días no leo nada, pero nadie lo hace,
y, de cualquier modo, ya demostré qué listo era.
Todo lo que conozco procede de los libros.

(Joshua Mehigan)

(Traducción de Andrés Catalán)
(Original, aquí)


22 de abril de 2013

Pinsky, poesía y política

Pregunta: Son estos tiempos quizá algo difíciles para escribir poesía, para producir un discurso estético en medio de la crisis social y económica que nos rodea. ¿Puede el poeta influir en su realidad? ¿Cuál es tu opinión sobre la poesía social?

R. Pinsky: Nada está prohibido y nada debe ser ignorado. Nada se exige. Mi particular forma de pensar y escribir se siente atraída por aquello que aparece en los periódicos. Gulf Music [Música del Golfo] (2008) tomó forma a partir de la rabia que sentía hacia la administración de George W. Bush, hacia las mentiras y las traiciones del Fiscal General el señor Alberto Gonzáles, el señor Donald Rumsfeld, Secretario de Defensa, de la señora Condoleezza Rice, Secretaria de Estado, del señor Dick Cheney, Vicepresidente. Sus acciones en el Golfo Pérsico y el Golfo de México...

Pero no hay ningún tema que se exija ni ningún tema que se prohíba. Y una política excelente puede crear poemas terribles... aunque no creo que lo opuesto sea cierto: Montale tiene un ensayo maravilloso sobre poesía fascista, sobre cómo no hubo ninguna o casi ninguna, esa oda sobre las manos de Mussolini...

(Más, en el último número (754) de Cuadernos Hispanoamericanos)



12 de abril de 2013

"El robo de El grito", de Monica Youn


EL ROBO DE EL GRITO

Fue un trabajo sin apenas sofisticación, el robo de El grito.
Eso lo sabemos con certeza, y lo que dejaron —
una escalera ordinaria, una ventana rota,
y cincuenta y un segundos de video, abstractos como una obertura.

¿Y el resto? No lo sabemos. Pero podemos imaginarnos
como la luz de la luna entra a través de la ventana
proyectando un brillo sobre todas las cosas — los cuadros,
las baldosas del suelo, las cuerdas de terciopelo: un patrón único y definido;

la estática histeria de la figura dotada de repente de ironía
por el hecho de que hay algo que sucede realmente; las casas
que se llevan mil manos de tejas a las estupefactas mejillas
a lo largo de la carretera de Oslo a Asgardstrand;

los guardias que entran a la carrera — ¡pero tarde! — para ser recibidos
solo por la sonrisilla desdentada de los muros del museo;
y colgada del cable del cuadro como un anzuelo y su carnada,
una postal: "Gracias por la pésima seguridad".

Los policías, perdidos cual turistas, prosiguen con sus susurros
por las galerías: "¿... pero que significa todo esto?"
Alguien tiene las respuestas, alguien que, al sujetar el marco,
se vio la cara roja por el sol reflejada en ese familiar cielo turbulento.

(Monica Youn, Barter, 2003)
 (Traducción, Andrés Catalán)


26 de marzo de 2013

La otra ventana


Me traslado de una habitación a otra. Soy
el que nunca te mira para que lo contemples.

Yo soy el que te sueña y no esos otros
que desde la butaca alcanzan
                                               —qué fácil
mirar desde la sombra—a disfrutar sin miedo
de tus gestos. Yo soy el asesino, el que

por que lo mires ha enterrado los símbolos
de su amor junto a un perro.



31 de enero de 2013

Dos haikus ingleses


AL IR A BUSCAR UN MAESTRO ZEN A LAS
MONTAÑAS KYUSHU Y NO ENCONTRARLO


para A.G. 













(Don Paterson)




MIRANDO POR LA VENTANA DEL CUARTO DE ATRÁS
SIN LAS GAFAS PUESTAS



¿Cuál será esa maravillosa
nueva flor color amarillo limón?
Ah, vale, una pelota.


(Wendy Cope)




(Traducciones, Andrés Catalán)


30 de enero de 2013

Tres poetas franceses del siglo XXI

Una nueva reseña en El Cuaderno. Esta vez, sobre el libro Tres poetas franceses del Siglo XXI, editado por Clara Janés en Ediciones del Oriente y del Mediterráneo. De los tres, Noël, Bianu y Masson, me quedo con el último.

Hacer click en la imagen para ampliar.


El Cuaderno, mensual de cultura, nº 42, Febrero 2013, pp. 22-23

25 de enero de 2013

'El canto de la sirena', de Margaret Atwood


EL CANTO DE LA SIRENA

Esta es la única canción que todos
querrían aprender: la canción
irresistible:

la canción que obliga a los hombres
a saltar por la borda en escuadrones
incluso viendo los cráneos en la arena

la canción que nadie conoce
porque cualquiera que la ha oído
está muerto, y los otros no pueden recordarla.

¿Debería contarte el secreto
y si lo hago, me ayudarás
a quitarme este disfraz de pájaro?

No disfruto nada aquí
acuclillada en esta isla
luciendo muy mítica y pintoresca

con estas dos locas emplumadas,
no disfruto cantando
este terceto, funesto y valiosísimo.

Voy a contarte el secreto a ti,
a ti, solamente a ti.
Acércate. Esta canción

es una llamada de auxilio: ¡Ayúdame!
Solo tú, solamente tú serás capaz,
eres único

por fin. Desgraciadamente
es una canción muy aburrida
pero siempre funciona.

(Margaret Atwood, Selected Poems, 1965-1975)

(Traducción de Andrés Catalán)
(El original, aquí)



24 de enero de 2013

Num só grito


Num só grito / En un solo grito, interesante proyecto de intercambio entre la poesía española y portuguesa, gracias el buen hacer y al entusiasmo de João Guerreiro y sus secuaces. A ellos les debo el descubrir que no sueno tan mal en portugués.

¿Qué es? Así lo explican ellos:

Quem somos?

Num Só GRITO insere-se no plano de atividades da Associação Portal ACADEMO, cuja coordenação de literatura está a cargo de João Guerreiro, estudante de doutoramento em Informação e Documentação. João Guerreiro tem participado em diversos projetos relacionados com a difusão da cultura portuguesa em Salamanca. O projeto conta também com o apoio da Associação de Amigos da Biblioteca Pública de Salamanca, grupo de interesse que apoia a divulgação cultural transfronteiriça.

Quiénes somos?

En un solo GRITO se inscribe en las actividades literarias de la Asociación ACADEMO, y está coordinada por João Guerreiro, estudiante de doctorado en Información y Documentación que ha participado en diversos proyectos relacionados con la difusión de la cultura portuguesa en Salamanca. Cuenta, además, con el apoyo de la Asociación de Amigos de la Biblioteca Pública de Salamanca, grupo de interés que apoya la divulgación cultural transfronteriza.


Para entrar, hacer click en la imagen:




2 de enero de 2013

Charles Simic: cómo resumir un año



UN AÑO EN FRAGMENTOS
Charles Simic

Durante el paseo de esta tarde he visto un escaparate repleto de manicuras trabajando, un frutero en la acera que regaba sus tomates y pimientos con una manguera y un farmacéutico que le vendía algo a un anciano mientras le guiñaba un ojo.

Estaba escribiendo un ballet para la radio, ¿o es que había oído mal en aquel ruidoso restaurante?

Hace cincuenta años la colada aún colgaba de las escaleras de incendios en el East Side. Los vecinos se sentaban en las escaleras de entrada charlando amigablemente en las tibias noches de verano y los muchachos aburridos lanzaban gatos desde las azoteas para pasar el rato. Los escritores y los poetas, destinados a permanecer ocultos, escribían febrilmente mientras todos los demás dormían y negras barcazas se deslizaban por el East River llevándose toneladas de basura hacia el mar.

Tengo un cajón lleno de relojes averiados, algunos de ellos pertenecientes a mis difuntos padres y otros míos, todos los que he sido incapaz de reunir el valor para tirar a lo largo de los años y que contemplo y acaricio al menos una vez al año.

Un gran Buda de piedra de la India soporta con una avergonzada sonrisa la humillación de ser fotografiado en un museo de Chicago con un grupo de revoltosos chicos de instituto, una chica con el pelo pintado de morado y un anillo en la nariz llega incluso a escalar a su regazo para rodear con un brazo su hombro como si fuera su novio o su querido tío.

Una habitación sin amueblar para alquilar con bastante luz y una mosca en el techo para hacerle a uno compañía.

"Jesús es disparar una pistola" en el lateral de una caravana en Alabama.

"¿Hay hoy porcentualmente más idiotas en el mundo que en otras épocas anteriores?" pregunta Teofil Pancic, un columnista de Vreme, el diario semanal de Belgrado. Su respuesta es que solamente lo parece, porque hoy se nos ve más, se nos oye más, y, por supuesto, estamos conectados mediante Internet. En el pasado, opina ingeniosamente, todo el mundo era un idiota independiente, aislado no solamente del resto de la humanidad, sino también de sus colegas idiotas, por lo que cuando se le ocurría alguna estupidez, no había oportunidad alguna de ser conocido instantáneamente por los idiotas en Tasmania o Uzbekistán.

SE BUSCA: Tragafuegos submarino busca una bailarina tántrica para unírsele en el fondo del mar y hacer juntos pompas de jabón.

Renovaron la sórdida manzana de pequeñas tiendas mal iluminadas con sus expositores de pulseras del amor, aros para la nariz, cartas del tarot y palitos de incienso en donde hace muchos años vi a un joven con sangre en la camisa blanca haciendo pompas de jabón en la acera, la cara chupada y afligida excepto cuando se llenaba los carrillos de aire.

Su vida, dijo ella, era un desafinado piano tocado con pasión.

Esta noche me he sentado a escuchar a cinco candidatos a la presidencia ofreciendo sus imaginarias soluciones para un país que no existe.

"Las enfermedades imaginarias son mucho peores que las reales, porque son incurables", me decía un viejo amigo que camina con cierta dificultad.

Cuando el huracán Sandy golpeó nuestra casa era como estar dentro de un submarino que sonaba como un tren de mercancías.

Mucho de lo que ven nuestros ojos y escuchan nuestros oídos se pierde en la traducción.

Pasado un coche calcinado, una nevera rota, y montones de electrodomésticos oxidados, corrimos cogidos de la mano hacia un campo cubierto de maleza en flor.

"Cuando Alfred estornudaba despertaba a los muertos". Me gustaría ver eso en su lápida.

"Un despertador sin manecillas, haciendo tictac en el vertedero municipal" es como se describía a sí mismo.

Da la impresión de que a los desnudos en un museo les gusta ser mirados tanto por hombres solitarios como por grandes grupos de gente. Es como si hicieran sobresalir más sus pechos, como si dejaran que los dedos se les deslizaran un poco más abajo hacia la entrepierna. Solo los guardias, observo, mantienen la mirada baja como si las mujeres que estamos comiéndonos con los ojos fueran sus mujeres y sus hijas.

No hay nada más libidinoso que la mente de un mojigato.

Esta cucaracha que asciende a toda prisa por la pared de la cocina debe de haberle echado un vistazo a su reloj.

En las edades pasadas, cuando los ministros del rey y los astrólogos predecían erróneamente el resultado de alguna campaña militar y conducían al país a la catástrofe, eran públicamente torturados y ejecutados. En nuestros días, continúan siendo considerados como expertos en política exterior y aparecen con frecuencia en la televisión y en las páginas de opinión difundiendo nuevas y desastrosas políticas para la nación.

No hay nada más aburrido en toda la creación que un poeta que le dice al lector que está escribiendo un poema, que está usando palabras.

En un escaparate abarrotado de una tienda de antigüedades, entre jarrones de porcelana china y relojes de mesa, hay una pintura al óleo en un marco muy ornamentado de alguna batalla de las Guerras Napoleónicas. Los cañones aún escupen fuego, la caballería carga con banderas flameando a través del humo negro, pisoteando a los muertos o a los heridos que se retuercen en su agonía, o que yacen en torno tranquilamente en esta mañana cálida y húmeda de Nueva York, las calles vacías excepto por el camión de la basura que realiza breves, jadeantes paradas y molesta a unas pocas palomas.

Le entregaron al amable y anciano caballero que me encontré en la feria de repostería una buena cantidad de medallas por la miseria que causó en algún país que ya nadie podrá encontrar nunca más en el mapa.

Deberíamos poner un cartel, "Lecciones gratis de tambor", dice mi mujer, para anunciar al pico picapinos de nuestro jardín que nos está volviendo locos.

Un vagabundo, desnudo hasta la cintura en medio del calor veraniego, rasguea una guitarra invisible mientras un chico y una chica pasan a su lado besuqueándose.

Al no tener nada que decirle a ella, hizo un avión de papel. Voló alrededor de su hermosa cabeza y se precipitó en su tazón de sopa de guisantes.

Me apuesto a que todos nuestros electos representantes en Washington emplean una considerable cantidad de tiempo enfrente de los espejos admirándose a sí mismos. Alzan las narices y las barbillas, miran fijamente al frente sin mover ni una ceja ni un músculo, después sacuden la cabeza solemnemente y se sonríen mientras salen a encontrarse con el pueblo.

Se sentó en un banco del Washington Square Park a susurrarle algo extremadamente confidencial a su perro, que estaba sentado enfrente de él con las orejas tiesas, meneando la cola prudentemente de vez en cuando.

El nombre del camarero era Drácula; o debería haberlo sido. Me trajo dos tostadas seriamente quemadas en un plato blanco.

Ahora que lo pienso, una vez vi a un hombre vestido por completo como un indio, plumas y todo, cruzar la octava con la treinta y ocho a las cinco de la mañana comiéndose un trozo de pizza.

Una larga noche revolviéndome y girándome en la cama de un hotel, incapaz de dormir. Mientras tanto, en la habitación de al lado, una pareja que había llegado tarde no había podido dejar de reírse durante lo que me habían parecido horas. De vez en cuando me apetecía levantarme y golpear la pared para hacerles parar, pero me daba miedo que se callaran y me dejaran solo con mis pensamientos.

Infligir dolor en los débiles es el afrodisíaco de los poderosos. Toda persona instruida en los Estados Unidos sabe que la Seguridad Social es solvente y seguirá siendo solvente durante décadas. La única razón por la que nuestro Presidente y nuestros dos partidos políticos quieren juguetear con ella es para satisfacer a los sádicos que hay entre sus adinerados contribuyentes a los que su dinero y su poder no les aportará felicidad mientras los pobres, los enfermos, y los ancianos no nos quedemos completamente desamparados.

La cruz que todo hombre y mujer debe cargar durante su vida son incluso más visibles en este anochecer oscuro y lluvioso de noviembre.

Mi vida es tan real como la tuya, decía el grillo en el matorral mientras iba cayendo la noche.

 CHARLES SIMIC, 31 de diciembre, 2012
NEW YORK REVIEW OF BOOKS


(Traducción de Andrés Catalán)
(El original, aquí).