19 de octubre de 2014

Un poema en 'Estación Poesía'

En el nº 2 de Estación Poesía, que dirige Antonio Rivero Taravillo y publica la Universidad de Sevilla, ha aparecido este poema que escribí a partir de la anécdota que alguien me contó (¿quién?) sobre alguien (¿quién?) que había comprado una casa en una urbanización fantasma, en la que era el único inquilino, rodeado de hormigón y calles a medio hacer. 

Dejo aquí el inicio del poema: para seguir leyendo, tan fácil como ir a la revista, aquí.

***

A VECES LA EXISTENCIA SE REDUCE A ESTAR
DENTRO DE UNA HABITACIÓN O FUERA DE ELLA



Resulta que he comprado una ventana. Mi casa
es espaciosa, es blanca y gris
y huele a hormigón recién armado. Es
una casa donde siempre es domingo,
donde campo a mis anchas
en un cuarto de estar desprovisto de esquinas,
sin un solo rincón y la parcela
daría para flores, algún árbol, tiene sitio
para que jueguen niños y que el grito
histérico de la vecina —¡Juan Luis,                       
el césped!
— se prenda de la copa
del seto, que se enrede allí y no llegue
aquí con más volumen que el murmullo
de la brisa en la hierba.

                                      Pero insisto:
la única cosa que compré resulto ser
una ventana. Y miento.
                                     Hay algo más.
La soledad. El lujo del silencio. El del espacio.               

—¿Os hablé del salón? ¿Os dije
que la pared se extiende como el mapa
de un país muy tranquilo y muy sin nadie
lleno de gotelé blanco y de esperanza?—
                           
La única enfermedad de nuestro siglo
—leí en algún lugar— pertenece a la carne,
por eso edificamos siempre con la piedra.
Y piedra es este dique que acorralan los días
donde el musgo no ovilla sabandija ni asiento
para futuras frondas, donde lo único
capaz de desplomarse es tal vez la ventana:
lo único que compré; el único contorno
que se desciñe un poco de la falta de pasmo,
con un cristal perfecto,
con un cristal blindado y las persianas
y su mecanismo infalible contra robos.


[...] Seguir leyendo -> aquí.

(Andrés Catalán, Estación poesía, nº2, p.31-34)







10 de octubre de 2014

e. e. cummings y la pintura



DE CARA A UNA EXPOSICIÓN: II (1945)

[cummings elabora una entrevista imaginaria en la que establece una conexión entre su pintura y su poesía]

¿Por qué pinta?
Por exactamente la misma razón que respiro.
Esa no es una respuesta.
No hay ninguna respuesta.
¿Desde cuándo no ha habido una respuesta?
Desde que soy capaz de recordar.
¿Y desde cuándo escribe?
Desde que soy capaz de recordar.
Me refiero a poesía.
Yo también.
Dígame, ¿no interfiere su pintura con su escritura?
Todo lo contrario: se aman sinceramente una a la otra.
Son muy diferentes.
Mucho: una es pintura y la otra es escritura.
Pero sus poemas son bastante difíciles de entender, mientras que sus pinturas son muy fáciles.
¿Fáciles?
Por supuesto—pinta flores y muchachas y atardeceres; cosas que entiende cualquiera.
Nunca le he conocido.
¿A quién?
A cualquiera.
¿Alguna vez ha oído hablar de pintura no figurativa?
Lo soy.
¿Perdone?
Soy pintor, y la pintura es no figurativa.
No toda la pintura.
No: la pintura de brocha gorda es figurativa.
¿Y qué se figura un pintor de brocha gorda?
Diez dólares la hora.
En otras palabras, no quiere hablar en serio—
Hace falta dos para hablar en serio.
Bueno déjeme ver... ah sí, una pregunta más: ¿en dónde vivirá cuando termine esta guerra?
En China; como de costumbre.
¿China?
Por supuesto.
¿En qué lugar de China?
En donde un pintor es un poeta.

(e. e. cummings, A Miscellany Revised, New York, 
               October House, 1965, pp. 316-17)
(Traducción, A. Catalán) 




4 de octubre de 2014

Un poema de Edna St. Vincent Millay


SONETO XI

Voy a olvidarte de inmediato, amor mío,
así que procura aprovecharlos, tu breve día,
tu breve mes, tu breve medio año,
antes de que te olvide, o me muera, o me vaya.

Y hemos terminado para siempre; a la larga
te olvidaré, como ya dije, pero ahora,
si me ruegas con tu mentira más encantadora
reaccionaré con mi promesa favorita.

De verdad preferiría un amor más duradero,
y que no fuera tan quebradiza una promesa,
pero es así, y la naturaleza se las ha ingeniado
para seguir avanzando sin descanso hasta ahora,

que logremos hallar o no lo que buscamos
es algo ocioso, biológicamente hablando.

(Edna St. Vincent Millay, 1892-1950)
(Traducción de A. Catalán)
(Original, aquí)



17 de septiembre de 2014

Frank O'Hara+Michael Goldberg


POR QUÉ NO SOY PINTOR

No soy pintor, soy poeta.
¿Por qué? Creo que preferiría ser
pintor, pero no lo soy. Bueno,
por ejemplo, Mike Goldberg
ha empezado un cuadro. Me paso por allí.
"Siéntate y tómate algo" me
dice. Bebo; bebemos. Alzo
la vista. "Has escrito SARDINAS".
"Sí, le hacía falta algo ahí".
"Ah." Y me voy y pasan los días
y me vuelvo a pasar por allí. El cuadro
marcha, y yo me voy, y los días
pasan. Me paso a verlo. El cuadro
está acabado. "¿Qué sucedió con SARDINAS?"
Todo lo que queda son
letras, "Era demasiado", dice Mike.

¿Pero y yo? Un día estoy pensando en
un color: naranja. Escribo un verso
acerca del naranja. Muy pronto es una
página entera de palabras, no unos versos.
Después otra página. Debería de haber
mucho más, no solo del naranja, de
palabras, de lo terrible que es el naranja
y la vida. Los días pasan. Incluso es en
prosa, soy un verdadero poeta. Mi poema
está acabado y no he mencionado
aún el naranja. Son doce poemas, lo titulo
NARANJAS. Y un día en una galería
veo el cuadro de Mike, titulado SARDINAS.

(Frank O'Hara)
(Traducción de Andrés Catalán) 
(Original, aquí)

'Sardines', de Michael Goldberg, Smithsonian American Art Museum

31 de agosto de 2014

"La muerte", de Fabrizio de André


LA MUERTE

La muerte vendrá de repente,
tendrá tus labios, tus ojos,
te cubrirá con un velo blanco
y se quedará dormida a tu lado.
Holgando, soñando, en batalla,
vendrá sin previo aviso,
la muerte va a golpe seguro,
ni toca el cuerno ni el tambor.

Señora que en límpida fuente
refresca sus fabulosos miembros,
la muerte no te mirará de frente,
tendrá tu pecho, tus brazos.

Prelados, notables y condes
que en el umbral llorasteis bien fuerte,
quien bien dirige su vida
mal soportará su muerte.

Granujas que sin vergüenza
llevasteis el cilicio o la picota,
vuestra partida no supuso un esfuerzo
porque la muerte es vuestra amiga.

Guerreros que cercados por las lanzas
desde las tierra de Oriente hasta Francia
de la masacre obtuvisteis gran mérito
y de los enemigos el luto y el llanto,

en frente de la última enemiga
ni vale coraje ni esfuerzo,
ni sirve apuntarle al corazón
porque la muerte no muere nunca.

(Fabrizio de André)
(Traducción de A. Catalán)