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4 de abril de 2016

'Envidia de los poemas ajenos', de Robert Hass


ENVIDIA DE LOS POEMAS AJENOS

En una versión de la leyenda las sirenas no saben cantar.
Que sepan hacerlo era solo una historia de marineros.
Así que Odiseo, atado al mástil, sufre el tormento
de una música que no oye —el chapoteo del mar,
el cambio del viento, el apetito costero de las aves—
y las calladas mujeres que recogen algas para abonar su jardín,
al verle forcejear con el cordaje, al ver en sus ojos
tan tremendo deseo, quedan transformadas para siempre
en el baldío rocoso de su isla por lo que imaginan
que él imagina que es la canción que no han cantado nunca.


(Robert Hass)
(Traducción de Andres Catalán)
(Original, aquí) 



25 de enero de 2013

'El canto de la sirena', de Margaret Atwood


EL CANTO DE LA SIRENA

Esta es la única canción que todos
querrían aprender: la canción
irresistible:

la canción que obliga a los hombres
a saltar por la borda en escuadrones
incluso viendo los cráneos en la arena

la canción que nadie conoce
porque cualquiera que la ha oído
está muerto, y los otros no pueden recordarla.

¿Debería contarte el secreto
y si lo hago, me ayudarás
a quitarme este disfraz de pájaro?

No disfruto nada aquí
acuclillada en esta isla
luciendo muy mítica y pintoresca

con estas dos locas emplumadas,
no disfruto cantando
este terceto, funesto y valiosísimo.

Voy a contarte el secreto a ti,
a ti, solamente a ti.
Acércate. Esta canción

es una llamada de auxilio: ¡Ayúdame!
Solo tú, solamente tú serás capaz,
eres único

por fin. Desgraciadamente
es una canción muy aburrida
pero siempre funciona.

(Margaret Atwood, Selected Poems, 1965-1975)

(Traducción de Andrés Catalán)
(El original, aquí)



28 de diciembre de 2012

Los naufragios están llenos de sirenas


CANCIÓN DE SIRENA

La llamo de vez en cuando, para ver si ha
cambiado la música de su contestador.
“Cuéntame en dos palabras”, dice la grabación,
“lo que ibas a contarme en mil”.

Contemplo esa idea, como si contemplara
el mar por la noche, escuchando las olas
que rompen en las rocas, sabiendo que está ahí,
escuchando, esperando a que yo hable.

Ocasionalmente coge el teléfono
y su voz me canturrea desde el pasado.
El pelo de la nunca se me pone de punta
cuando por un segundo me llega su olor.

(Traducción de A. Catalán)



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