16 de febrero de 2019

Cuatro estelas funerarias de los museos capitolinos de Roma


En esta respetable tumba Gliconia yace en paz: dulce de nombre, pero aún más dulce de espíritu. Nunca le preocupó la vida para ella demasiado austera, al contrario, con locura y placer prefirió embriagarse de vino e interpretar canciones con sencillez. A menudo se entretenía tejiendo con dulce amor suaves guirnaldas de flores para sí y para sus hijos, a los que dejó en su pubertad; los hijos que engendró eran hermanos a semejanza de Cástor y Pólux. Merecedora de una dichosa vida eterna, se apresuró hacia allí donde los buenos hados nos reclaman. Publio Mattio Chariton hizo construir esta tumba para su estimada esposa.

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A los espíritus de los antepasados. Aquí yazco, Claudio Diadumeno, de profesión poeta, en un tiempo enriquecido por los encargos del César, aunque nunca me dominó el amor por la fama; al contrario, siempre llevé una modesta vida. Oh Hyllo, oh padre, ya estamos juntos. No deseo crear una conmoción: esta casa es un lugar acogedor para ambos. Claudia Fructiana construyó este monumento para su digno esposo.

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A los espíritus de los antepasados. Los padres Lucio Attidio Kritias y Peregrina mandaron hacer este sepulcro para su dulcísimo hijo Kritias, que vivió 2 años, 7 meses, 15 días y 5 horas y media. Ah, extranjero, custodio a un jovencito de nombre Kritias, de 2 años y casi 8 meses, pero con la inteligencia de un anciano. Por esta razón partió llorando al Hades. En verdad, los espíritus malignos malograron su vida, igual que una tempestad del sur hace con una tierna planta.

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Para la dulce Geminia Ágata Mater. Mi nombre era Mater, pero no estaba destinada a ser madre. De hecho tan sólo viví 5 años, 7 meses y 22 días. Durante el tiempo que viví, disfruté y fui siempre amada por todos. De hecho, creedme, tenía cara de niño, no de niña; sólo mis progenitores me llamaban Ágata, de dulce temperamento, de gentil y noble apariencia, con el cabello rojo, corto por arriba y largo por detrás. Ahora todos vosotros me ofrecéis libaciones y rogáis por que la tierra no pese demasiado sobre mis restos. No sufras mucho por los restos de mi pequeño cuerpo, Favencio, que hiciste más por mí que mis padres, y que sólo a mí me amaste. De hecho, mi padre y mi madre me precedieron hace tiempo, y no sufrieron con mi destino. Tengo también una hermana de madre, Amoena, que está entristecida por mi muerte. Por favor, reconfortad a mi familia, recordadles la feliz vida que viví y rezad por que su dolor no se incremente y su tristeza no sea excesiva. Tú que lees, si lo quieres saber mi nombre completo es Geminia Ágata, a la que la prematura muerte llevó a edad temprana al Tártaro. Esto es todo, más no puede pasar: esto es lo que nos aguarda a todos.

(Versiones, A. Catalán)