21 de octubre de 2015

A los dioses de la mañana, de Franco Fortini


A LOS DIOSES DE LA MAÑANA

El viento agita laureles y pinos. Por los cristales, agua que baja.
Tras la niebla y las luces ves a ratos la costa, luego nada.
La mañana se afina en la estancia tranquila.
Un hilo de música rock, lápices, papeles.
Me hace feliz la lluvia. Oh dioses inexistentes,
proteged el idilio, os lo ruego. ¿Y qué más podéis hacer,
oh dioses del otoño, indulgentes durmientes,
melancólicas de ramas las sienes? ¡Qué majestuosos vuestros
luminosos cúmulos! ¡Cuanta ansiedad de hormigas en la sombra!


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AGLI DÈI DELLA MATTINATA

Il vento scuote allori e pini. Ai vetri, giù acqua.
Tra fumi e luci la costa la vedi a tratti, poi nulla.
La mattinata si affina nella stanza tranquilla.
Un filo di musica rock, le matite, le carte.
Sono felice della pioggia. O dèi inesistenti,
proteggete l’idillio, vi prego. E che altro potete,
o dèi dell’autunno indulgenti dormenti,
meste di frasche le tempie? Come maestosi quei vostri
luminosi cumuli! Quante ansiose formiche nell’ombra!

(Franco Fortini, 1917-1994)
(Versión de A. Catalán)


30 de abril de 2015

Un poema de Anne Sexton


LA BALADA DE LA MASTURBADORA SOLA

El final de un amor es siempre la muerte.
Ella es mi taller. Ojo huidizo, al salir
de la tribu de mí misma mi aliento
te echa en falta. Provoco espanto
en quien se queda cerca. Estoy hastiada.
De noche, a solas, desposo la cama.

Dedo a dedo, ahora es mía.
No está tan lejos. Es mi encuentro,
la golpeo como una campana. Me recuesto
en la alcoba donde solías montarla.
Te apropiaste de mí en la colcha de flores.
De noche, a solas, desposo la cama.

Toma por ejemplo esta noche, amor mío,
que a cada pareja hace encajar
en un vuelco conjunto, arriba, abajo,
los abundantes dos en esponja y en pluma,
de rodillas, a empujones, cabeza con cabeza.
De noche, a solas, desposo la cama.

De esta forma me escapo de mi cuerpo,
un milagro insufrible. ¿Podría
poner el mercado de sueños a la vista?
Estoy desparramada. Crucifico.
Mi ciruelita fue lo que dijiste.
De noche, a solas, desposo la cama.

Vino entonces mi rival de ojos negros.
La dama del agua, alzándose en la playa,
un piano en sus dedos, vergüenza
en sus labios y un discurso aflautado.
Yo pasé a ser la escoba de rodillas quebradas.
De noche, a solas, desposo la cama.

Te eligió de la forma que una mujer elige
un vestido de saldo de las estanterías
y yo me rompí igual que se rompe una piedra.
Te devuelvo tus libros y tu equipo de pesca.
El periódico de hoy dice que te has casado.
De noche, a solas, desposo la cama.

Los chicos y chicas son uno esta noche.
Se desabrochan blusas. Se bajan las braguetas.
Se quitan los zapatos. Apagan las luces.
Las trémulas criaturas rebosan de mentiras.
Entre sí se devoran. Se sacian en exceso.
De noche, a solas, desposo la cama.

(Anne Sexton, Love Poems, 1969)
(Traducción, Andrés Catalán)
Original, aquí.



12 de abril de 2015

'Un poema sobre la memoria', de Tomas Venclova


UN POEMA SOBRE LA MEMORIA

¿Aguardas a los que se fueron? A las profundidades
se marcharon. Los muros los dejaron atrás,
y los cuadros, los lápices, los relojes, el alma,
la lluvia y la nieve, la arena y el castigo,
las agujas de pino y la inmortalidad.

Ahora es imposible saber quién está en lo cierto,
y cuando haces suma de todas las partidas,
tu insensata integridad acaba por quebrarse
y estalla en muchas voces encontradas.

Esto queda: el círculo que talló un cuchillo,
una marca en el vidrio, polvo en las estanterías,
tanta libertad, tantos versos y tanta falsedad,
como escasez de auténtico destino.

Dos voces también quedan. Acariciaron
el tibio e inquietante volumen de esta urbe.
Una sola gota de memoria les fue dada.
Tuya es. Y no pertenece a nadie.

Da vueltas, alada, ciega de nacimiento,
como una golondrina expulsada del nido.
¿Y de qué sirve todo tu clasicismo,
esa escuela de diversión y ceremonias?

Y así la hora, separada de nosotros,
condenada, cae revoloteando como un chal
sobre las escaleras, en cuartos y pasillos,
y en el hueco que aún se extiende
entre el tiempo que pasó y el tiempo que vendrá.

(Tomas Venclova, Diálogo de invierno)

(Versión de A. Catalán)
(Otra versión, de Abraham Gragera, aquí)

EILĖRAŠTIS APIE ATMINTĮ

Tu lauki pasitraukusių? Giliai
Jie pasitraukė. Juos paliko sienos,
Pieštukai, laikrodžiai, paveikslai, sielos,
Lietus ir sniegas, atpildas ir smėlis,
Nemirtingumas ir pušų spygliai.

Nebežinia, kuris iš jų teisus,
Ir kai rašai išsiskyrimų sumą,
Nebetenki betikslio vientisumo
Ir pats skiries į priešingus balsus.

Belieka ratas, brėžiamas peiliu,
Žymė stikle ir dulkės ant lentynų –
Tiek netiesos, tiek laisvės ir eilių
Ir taip nedaugel tikrojo likimo.

Belieka du balsai. Jie palytės
Šio miesto šiltą ir nejaukų tūrį.
Jiems buvo duotas lašas atminties.
Tu. ją turi. Ir niekas jos neturi,

O blaškosi, sparnuota ir akla,
Tarsi kregždė, kurios negeidžia lizdas,
Ir ko bevertas tavo klasicizmas,
Linksma ir iškilminga mokykla?

Taip valanda, nuo mūsų atskirta
Ji pasmerkta, nukrinta kaip skara
Ant kambarių, koridorių ir laiptų,
Ir ant spragos, kuri vis tiek yra
Tarp būtojo ir būsimojo laiko.


10 de abril de 2015

'Metro de Berlín. Hallesches Tor', de Tomas Venclova


METRO DE BERLÍN. HALLESCHES TOR

Invierno sobre Europa. Los campos asfaltados
se contraen, se arrugan, y se abren como una castaña.
El espacio reduce su arrogancia amenazante. Invierno
y la península de Berlín. Hueso, cartones, cemento.

Vemos el cielo vuelto del revés. Hay guardias en las calles.
Un parche resalta sobre un muro, las luces azules parpadean.
El vacío carece de dirección. El ovillo de hilo no te llevará
a otra existencia. Sobre Europa revolotea la nieve.

Al viajar tantos años y kilómetros acabas por no saber
qué orilla será tu destino. Jericó, Mitte, qué mas dará...
Cambian los planos de las ciudades, trabajan las termitas,
pero ese leve susurro nunca sustituirá a las trompetas.

Da un paso atrás, mira desde el ayer hacia el mañana.
Ahí, sumergido en la sucia nieve, un hombre se destaca.
No está destinado a ver arrastrarse por la Hallesches Tor
al vagón de cartón, que viene de ningún lugar y más allá.

(Tomas Venclova)

(Versión de A. Catalán)


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