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19 de marzo de 2019
Un poema de Mayakovski
UNA NUBE EN PANTALONES
(Fragmento)
A vuestro pensamiento
que sueña en reblandecidos cerebros
como un abotargado lacayo en un sofá pringoso,
voy a provocarlo con un sangriento harapo de mi corazón
hasta hartarme, insolente y mordaz.
Ni un solo cabello cano hay en mi alma,
¡y ningún rastro en ella de ternura senil!
Estremeciendo el mundo con mi voz atronadora,
camino... un buen mozo,
a mis veintidós.
¡Delicados!
Acostáis vuestro amor sobre violines
y sobre timbales lo echan los más toscos.
¡Pero no podéis volveros como yo del revés
para no ser nada más que solamente unos labios!
Venid y aprended:
desde el salón, vestida de batista,
la decorosa funcionaria de la liga angélica.
Y aquella cuyos labios se roza con la misma tranquilidad
con la que un cocinero pasa las páginas de un libro de cocina.
Si así lo queréis
me volveré loco con la carne
y, como el cielo, cambiaré de tonalidad,
si así lo queréis,
seré de una delicadeza impecable,
no un hombre, sino una nube en pantalones.
No creo que exista una Niza florida.
Una vez más vuelvo a cantar mis alabanzas
de los hombres rendidos como un hospital,
de las mujeres gastadas como una frase hecha.
(V. Mayakovski, Una nube en pantalones, 1915)
(Versión de Andrés Catalán)
12 de abril de 2015
'Un poema sobre la memoria', de Tomas Venclova
UN POEMA SOBRE LA MEMORIA
¿Aguardas a los que se fueron? A las profundidades
se marcharon. Los muros los dejaron atrás,
y los cuadros, los lápices, los relojes, el alma,
la lluvia y la nieve, la arena y el castigo,
las agujas de pino y la inmortalidad.
Ahora es imposible saber quién está en lo cierto,
y cuando haces suma de todas las partidas,
tu insensata integridad acaba por quebrarse
y estalla en muchas voces encontradas.
Esto queda: el círculo que talló un cuchillo,
una marca en el vidrio, polvo en las estanterías,
tanta libertad, tantos versos y tanta falsedad,
como escasez de auténtico destino.
Dos voces también quedan. Acariciaron
el tibio e inquietante volumen de esta urbe.
Una sola gota de memoria les fue dada.
Tuya es. Y no pertenece a nadie.
Da vueltas, alada, ciega de nacimiento,
como una golondrina expulsada del nido.
¿Y de qué sirve todo tu clasicismo,
esa escuela de diversión y ceremonias?
Y así la hora, separada de nosotros,
condenada, cae revoloteando como un chal
sobre las escaleras, en cuartos y pasillos,
y en el hueco que aún se extiende
entre el tiempo que pasó y el tiempo que vendrá.
(Tomas Venclova, Diálogo de invierno)
(Versión de A. Catalán)
(Otra versión, de Abraham Gragera, aquí)
EILĖRAŠTIS APIE ATMINTĮ
Tu lauki pasitraukusių? Giliai
Jie pasitraukė. Juos paliko sienos,
Pieštukai, laikrodžiai, paveikslai, sielos,
Lietus ir sniegas, atpildas ir smėlis,
Nemirtingumas ir pušų spygliai.
Nebežinia, kuris iš jų teisus,
Ir kai rašai išsiskyrimų sumą,
Nebetenki betikslio vientisumo
Ir pats skiries į priešingus balsus.
Belieka ratas, brėžiamas peiliu,
Žymė stikle ir dulkės ant lentynų –
Tiek netiesos, tiek laisvės ir eilių
Ir taip nedaugel tikrojo likimo.
Belieka du balsai. Jie palytės
Šio miesto šiltą ir nejaukų tūrį.
Jiems buvo duotas lašas atminties.
Tu. ją turi. Ir niekas jos neturi,
O blaškosi, sparnuota ir akla,
Tarsi kregždė, kurios negeidžia lizdas,
Ir ko bevertas tavo klasicizmas,
Linksma ir iškilminga mokykla?
Taip valanda, nuo mūsų atskirta
Ji pasmerkta, nukrinta kaip skara
Ant kambarių, koridorių ir laiptų,
Ir ant spragos, kuri vis tiek yra
Tarp būtojo ir būsimojo laiko.
Tu lauki pasitraukusių? Giliai
Jie pasitraukė. Juos paliko sienos,
Pieštukai, laikrodžiai, paveikslai, sielos,
Lietus ir sniegas, atpildas ir smėlis,
Nemirtingumas ir pušų spygliai.
Nebežinia, kuris iš jų teisus,
Ir kai rašai išsiskyrimų sumą,
Nebetenki betikslio vientisumo
Ir pats skiries į priešingus balsus.
Belieka ratas, brėžiamas peiliu,
Žymė stikle ir dulkės ant lentynų –
Tiek netiesos, tiek laisvės ir eilių
Ir taip nedaugel tikrojo likimo.
Belieka du balsai. Jie palytės
Šio miesto šiltą ir nejaukų tūrį.
Jiems buvo duotas lašas atminties.
Tu. ją turi. Ir niekas jos neturi,
O blaškosi, sparnuota ir akla,
Tarsi kregždė, kurios negeidžia lizdas,
Ir ko bevertas tavo klasicizmas,
Linksma ir iškilminga mokykla?
Taip valanda, nuo mūsų atskirta
Ji pasmerkta, nukrinta kaip skara
Ant kambarių, koridorių ir laiptų,
Ir ant spragos, kuri vis tiek yra
Tarp būtojo ir būsimojo laiko.
8 de abril de 2015
Las Meninas, de Tomas Venclova
[Usando la versión inglesa de Ellen Hinsay y un par de diccionarios de lituano, me he atrevido a esto:]
LAS MENINAS
Nueve u once figuras, entre las cuales:
enanos, sirvientas, y un reflejo en
el oscuro y atento espejo,
y el autor, con el cuadro aún por
empezar, y que sigue ocultándonos
después de cuatro siglos. Según Foucault,
somos nosotros. Pero quizá modelo,
espectador y el pintor mismo sean
mas bien fragmentos de un solo prototipo.
La luz es más de la que podría nunca
entrar por la ventana (y, como en el paraíso,
su generosidad eclipsa toda imperfección).
Y las miradas trazan una mirada incorpórea
que el pincel nos enseña a preservar.
LAS MENINAS
Nueve u once figuras, entre las cuales:
enanos, sirvientas, y un reflejo en
el oscuro y atento espejo,
y el autor, con el cuadro aún por
empezar, y que sigue ocultándonos
después de cuatro siglos. Según Foucault,
somos nosotros. Pero quizá modelo,
espectador y el pintor mismo sean
mas bien fragmentos de un solo prototipo.
La luz es más de la que podría nunca
entrar por la ventana (y, como en el paraíso,
su generosidad eclipsa toda imperfección).
Y las miradas trazan una mirada incorpórea
que el pincel nos enseña a preservar.
(Tomas Venclova. Original, leído por el autor, aquí)
(Versión de Andrés Catalán)
11 de febrero de 2012
Autorretrato en un pequeño museo
_
Un Cristo cetrino me miraba
desde pequeñas pinturas del Trecento en la pared.
Y no comprendía su mirada, pero quise
confiarme a ella. Un Cristo
de pelo oscuro, embelesado,
inquebrantablemente atento,
rodeado -un ring de cuatro esquinas-
por un marco de oro bizantino.
Me miraba mientras mi cabeza
estaba en otro sitio: delante mío
-la irritación crecía- una
pareja de franceses muy anciana.
En el silencioso museo, casi vacío,
él leía en voz alta, muy alta,
la página correspondiente de la guía.
(Versión de un poema de Adam Zagajewski de La mano invisible, 2009)
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