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2 de noviembre de 2012

Robert Pinsky en 'Cuadernos Hispanoamericanos'

 

Siempre me gustaron los primeros versos de ese poema que salía en el capítulo de los Simpsons en que Lisa acude a un recital de poesía en la universidad. Acaba de salir en Cuadernos Hispanoamericanos (Noviembre de 2012, nº 749) una traducción mía de ese poema, 'Imposible de contar'. Dejo aquí los primeros versos:



IMPOSIBLE DE CONTAR

Para Robert Hass y en memoria de Elliot Gilbert

Lento dulcimer, gavota y arco, en otoño
Bashô y sus amigos salen a mirar la luna;
en verano, arcoiris de gasolina en la cuneta,

la secreta cortesía que corre como icor
por la versión antigua de un chiste grosero a gran escala,
imposible de contar por escrito. "Bashô"

se llamó a sí mismo, "Platanero": plátano
como la planta que unos alumnos le entregaron,
quizás en agradecimiento a sus consejos

al atravesar una larga noche por las reglas y canales
del poema encadenado, colectivo,
compuesto en el corazón de su profesor: vivo, rígido, fluido

como pasajes grabados en un circuito microscópico.
Elliot sabía de memoria tantos chistes
que parecían reproducirse como microbios en un cultivo

en su cerebro, cada uno dando paso a tantos otros
que era imposible poder contarlos todos:
en la cultura cortesana de los chistes, el mandamás.
[...]

(Traducción de A. Catalán) 




El original, con una explicación del autor, y leído por él mismo, aquí.


21 de mayo de 2011

Un poema de Robert Pinsky

Robert Pinsky (New Jersey, 1940), poeta laureado desde el año 1997 hasta el 2000 (el único que hasta la fecha lo ha sido durante tres años), poeta, crítico y ensayista, es posiblemente conocido en España únicamente por haber salido en un episodio de los Simpsons (leyendo esto) (Temporada 13, episodio 289).

Sobre él, más, aquí.

Dejo aquí un poema, aparecido en la revista Poetry en Julio de 1980.



MURIENDO

Nada que decir sobre ello, y todo—
el cambio de los cambios, más cerca o más lejos:
el Golden Retriever de al lado, Gussie, ha muerto,

como Sandy, el Cocker Spaniel tres puertas más abajo
que murió cuando yo era pequeño; y cada día
cosas que estuvieron en mi memoria se apagan y mueren.

Las frases se extinguen: primero, todo el mundo olvida
que es un roblón; después tras ciertas décadas
en una metáfora obsoleta, "muerto como un roblón" parpadea

y se disipa. Pero alguien que conozco está muriéndose—
y aunque uno podría decir embaucadoramente, "como todos",
el ritmo diferente es lo que hace que la diferencia sea absoluta.

Las pequeñas y visibles esporas en el aire que respiramos,
que se posan inofensivas en nuestros vasos de agua
y en nuestra piel, por casualidad se juntan

bajo ciertas condiciones sobre el suelo del bosque,
o incluso en cierto rincón en sombra del césped—
y durante la noche los carnosos, pálidos tallos se congregan,

el incoloro crecimiento sin una flor ni hoja;
y alrededor de los tallos, la hierba sigue creciendo
con presión firme, como los pelillos insistentes

que crecen en la cara entre afeitados, las uñas
creciendo y muriendo en los pies y los dedos
con su propio y modesto ritmo, inconscientes

como las sosas polillas, que viven una noche o dos—
aunque como una polilla un alma brillante continúa latiendo,
aburrida e impaciente en la boca del monstruo.
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