19 de noviembre de 2014

Un poema de Philip Levine en el New Yorker: 'Junto a las aguas del Llobregat'


JUNTO A LAS AGUAS DEL LLOBREGAT

Dos mujeres y una niña pequeña
—de tres o tal vez cuatro años—descansan
bajo la sombra de unos abetos.


Desde lejos el rugido del mundo
va regresando una vez más.
Primero algunas palabras al vuelo

entre los hombres que se despiertan
y luego las máquinas
que se hablan entre sí en el idioma

que comparten con los cuerpos celestiales
—planetas, motas de polvo, lejanos sistemas solares—
y que saben lo que es necesario

hacer y lo hacen. Hace ya tanto tiempo,
piensas, de aquellos días, tan diferentes a estos,
bendecidos por vientos favorables

y olvidados en los himnos
que canturreábamos en el largo camino
volviendo del trabajo o en las fábulas infantiles

que intentábamos creer. Nadie repara
en la niña pequeña y sus vigilantes
han desaparecido y nadie se acurruca

bajo la sombra de los abetos.
El aire, brillante y en calma, se queda
de testigo, la única nube perdida

entre el cielo y este lugar no se mueve,
las montañas bajan la vista y guardan
distancia, en algún lugar lejos

el mar sigue trabajando para sí.
Junto a las aguas del Llobregat
nadie se sienta a llorar por los hijos

del mundo, junto al Ebro, el Tajo,
el Guadalquivir, junto a las aguas
del mundo nadie se sienta y llora.

(Philip Levine)
(El original, en el número del 24 de noviembre de 2014 del New Yorker, aquí)
(Traducción, Andrés Catalán)


6 comentarios:

Anónimo dijo...

Siento decírtelo, pero esto no es traducir poesía. No por tu culpa, que eres un poeta válido, sino porque en esta clase de poemas no hay nada de poesía. No sé cómo nadie se da cuenta de ello, ni tú siquiera, o como nadie lo dice, siendo algo tan evidente.

Anónimo dijo...

Mejor traducír a Emily Dickinson, aunque esté muy vista.

Andrés Catalán dijo...

Fíjate que Levine está en las antípodas de lo que yo puedo considerar cercano a mi manera de entender la poesía y sin embargo me parecen buenos poemas. Pero, gracias a dios, ni tú ni yo, ni nadie, está legitimado para repartir carnets de "esto es poesía" o "esto no es poesía". Si no te gusta Levine, no lo leas. Es así de fácil. A Dickinson la puedes leer en muchas traducciones. Leela. A Levine no. Por eso lo traduzco.

Eduardo López dijo...

Felicidades por esa traducción y por estar despierto a las otras voces que vienen de otros ámbitos. Disfruté con el trabajo de S. Dunn y también con el imprescindible que has hecho de Levine. (Se merecía una versión bilingüe y más generosa pero con lo que hay no puede uno disgustarse).

Andrés Catalán dijo...

Eduardo, gracias mil por tu mensaje. Sí, yo hubiera preferido traducir alguno de sus libros en bilingüe (todo se andará). Pero también me apetecía reunir sus poemas sobre España. Algunos no son poemas enormes, pero revelan una mirada curiosa sobre un país. Y creo que de alguna manera se lo debíamos.

PD: la edición de "La búsqueda de..." no es bilingüe, supongo, porque se nos iría de páginas.

Eduardo López dijo...
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