1 de septiembre de 2024

Dos poemas de Kevin Prufer

 

Condominios

 

¿Qué fue lo que llevó al emperador Constantino

a asesinar a su propio hijo

                                          y luego

borrar su nombre de los monumentos?

 

Nadie lo sabe. Sin embargo,

Constantino era un gobernante benévolo,

si hemos de creer

                             a los historiadores de la Iglesia.

 

Anoche, tarde,

de paseo por la ciudad infectada,

llegué a mi demolido

instituto.

              Así, sin más,

lo habían derribado. Bárbaros.

 

Hace mucho me sentaba en un pupitre

mientras una monja vieja mentía

sobre la historia americana.

 

Ahora era un montón

                                   de ladrillos y cristales.

Una excavadora dormitaba

                                           en un rincón,

como un tirano gordo.

                                   El ruido

del comercio llegaba constante

desde la cercana carretera.

Cómo te amo,

                        América. Eres tan

desmemoriada. Constantino

gobernó durante décadas

tras el deceso de su hijo olvidado

y murió feliz en Nicomedia.

 

Deberíamos asesinar la historia

para hacer sitio

                        a la historia.

No, me dije. A la verdad.

No.

     Condominios.


 

Lo último de Diocleciano

 

 

Tras gobernar desapasionadamente

                                                           durante veinte años

el emperador se jubiló

                                    Tras sobrevivir a su gobierno

el emperador se hizo granjero

                                                Tras jubilarse

felizmente

                  se dedicó a cultivar repollos    Eran unos repollos

hermosos

                 Crecían en marciales hileras

Cuando el imperio

                               estalló en guerra

el emperador apenas se enteró

                                                  Tras estallar en guerra

el pueblo le pidió

                            que volviera

a ser emperador

                           Se estaban matando unos a otros

No dejaban

                    de matarse unos a otros    Si pudierais ver

estos hermosos repollos

                                       les dijo

nunca me pediríais algo así

Si pudieras ver

                         estos repollos morados

no me pediríais

                         que los regara

con vuestros estallidos

                                    de avaricia insaciable

Así habló el emperador

                                     que tras gobernar bien

se jubiló

              no exactamente para nada

Se jubiló para tomar conciencia

                                                  del caos que siempre

sigue a las buenas épocas:

                                            la destrucción

de los seres amados

                                   el colapso del Estado

Tras gobernar bien

                              murió al final

por su propia mano

                                El derramamiento de sangre

continuó

               Luego una breve paz

Luego otra vez la guerra

                                       Así una y otra vez     Siglos

de emperadores muertos

                                          desvaneciéndose a lo lejos

Piensa en esas hileras

                                   de repollos perfectos

 

 

De Kevin Prufer, The fears, 2023 

Trad. Andrés Catalán




21 de agosto de 2024

'Dejadme sola con mi muerte', de Maria Luisa Spaziani

 

DEJADME SOLA CON MI MUERTE

 

                                               Testamento

 

Dejadme sola con mi muerte.

Tiene que decirme palabras en re menor

que no conocen vuestros diccionarios.

Palabras de amor que ni Petrarca conocía,

en las que el amor es un oro exquisito

no apto para brazaletes de muñecas humanas.

 

Yo y mi muerte hablamos como viejas amigas

porque desde que nací ha vivido a mi lado.

Fuimos compañeras de juegos y lecturas

y hemos acariciado a los mismos hombres.

Como un águila ebria desde lo alto del cielo,

sólo ella me revelaba las medidas humanas.

 

Ahora me enseñará otras medidas

que encerrada en la jaula de los seis sentidos

en vano he buscado golpeando los barrotes.

Es triste dejar a mi hija y el libro por terminar,

pero ella me consuela y riéndose me jura

que lo que se pueda salvar se salvará. 

 

 

 

Maria Luisa Spaziani

Trad. Andrés Catalán

18 de agosto de 2024

'A una mariposa', de William Wordsworth

 

Te llevo observando media hora;

en equilibrio sobre esa flor amarilla

y, ¡pequeña mariposa! Lo cierto es

que no sé si estás dormida o te alimentas.

¡Qué quieta estás! ¡Ni los mares helados

están más quietos! ¡Y luego

qué gozo te espera, cuando la brisa

te encuentre entre los árboles

y a su lado te vuelva a convocar!

 

 

Esta parcela de huertos es toda nuestra;

los árboles son míos, las flores de mi hermana;

descansa aquí tu alas cuando te canses;

¡alójate aquí como si fuera un santuario!

Ven cuando quieras, no temas ningún mal;

¡siéntate en una rama a nuestro lado!

Hablaremos de la luz del sol y de canciones,

y de los días de verano, cuando éramos jóvenes;

los dulces días de la infancia, que eran tan largos

como ahora lo son una veintena.

 

**

 

¡Quédate junto a mí! ¡No emprendas vuelo!

¡Mantente un poco más a la vista!

¡Tenemos tantas cosas de que hablar,

historiadora de mi infancia!

Revolotea cerca de mí; ¡no partas todavía!

Las épocas pasadas reviven en ti:

¡tú me las devuelves, criatura alegre!

¡Una imagen solemne para mi corazón,

la familia de mi padre!

 

¡Ay! Gratos, gratos fueron los días,

las horas, cuando, en nuestros juegos infantiles,

mi hermana Emmeline y yo

juntos perseguíamos a las mariposas.

Yo como un cazador me abalanzaba

sobre la presa: con saltos y brincos

la seguía de la rama a los arbustos;

pero ella, Dios la bendiga, temía

quitarle el polvo de las alas.


Trad. Andrés Catalán

 

 



 

21 de mayo de 2024

'Joven es el tiempo', de Lalla Romano

 

Joven es el tiempo

 

Surcan el aire las golondrinas

y no se agrietan los cielos

refleja el lago las nubes

y el agua no se enturbia

 

Nosotros fugazmente turbamos

con nuestro paso el tiempo

y pronto recobra la esfera

su claridad e igual regresa

 

**

 

Cada otoño rememora la frescura

marchita de las muertas primaveras

 

Se refleja en la paz de las noches

de las mañanas la cándida belleza

 

Así la melancolía de la juventud

transforma el tiempo en sutil placer

 

**

 

Joven es el tiempo

 

Como un muchacho

cae cada noche soñoliento y cansado

y nosotros vemos languidecer el cielo

a lo lejos, tras oscuros arcos de hojas

 

Se despierta feliz

mientras intacta

sobre los absortos jardines y sobre las casas

surge de entre las negras sombras la mañana

 

**

 

 

 

Se asientan los pensamientos de piedra

alrededor, en el cuarto vacío

 

y siguen asentándose

cuando, levantándose por la mañana

los sueños como grandes pájaros

despliegan las perezosas alas

golpeándolas contra los muros y desaparecen

por la ventana abierta

 

**

 

Para algunos

vivir es igual a dormir

visitado por sueños

para otros es un largo insomnio

y tiene como consuelo las voces

 

esa que dice las horas desde lo profundo

esperando su tiempo justo

o el galope desesperado

que se apresura a aparecer de la nada

o, lejos como una incierta amenaza

el zumbido apagado

de la primera tormenta de otoño

 

**

 

Están a este lado de las palabras

las voces

 

Si cruje con su vieja cadena

el pozo prisionero

o es la endecha de la bestia que llora

atada a su pasto eterno

o si abarca las noches

los rediles fatuos de luciérnagas el silencio

o el resuello de la trilladora

 

**

 

A través del furor

a través de la lluvia que chisporrotea

alrededor de la casa

como una selva que arde

de los lejanos cielos olvidados

desciende como un agua pura

casi una melodía

 

**

 

En un coloquio de viento

y de remota

luna y hogueras de gitanos

no encuentro

más que el fiel silencio

y sobre el mudo

rastro de los montes

la luz inmemorial del cielo

 

**

 

El pedregal resulta suave bajo la luna

 

En los horizontes enternecidos un vago

espacio velado de ásperas selvas oscurece

 

Imprudente es el paso

que las serenas y ya muertas apariencias

va cambiando

 

Quieto estaba el corazón como un lago: en el muro

de sombra se estremece si cae de los huertos

remotos el tañido de un hacha

 

**

 

Como la luna roja y procelosa

se pone antes del alba y el día nace

turbio y cansado ya como un atardecer

 

y después en el día lento el sol desciende

envuelto en pálida neblina

y rosada como la luna es su esfera

 

así en un blando crepúsculo descansa

siempre igual la vida que ya tuvo

en la trágica mañana su atardecer

 

**

 

Parecido a una flor el cielo

desde los bordes bermejos yace

ligero sobre la tierra oscura

 

Como una flor caída

lentamente marchita

su sereno color

poco a poco oscurece

 

Cuelga en el cielo profundo

estambres de oro la luna

 

**

 

Octubre como un vino dulce

disuelve en agotada embriaguez

la oscura fiebre que nos quema

 

Con dedos lánguidos el sol

escurre en la roja penumbra

la miel de las lentas horas

 

Pero un raudo tiempo ya viene

con el paso ligero del viento

frágil sobre las hojas secas

 

**

 

El otoño es un rey que da la última fiesta

 

Desteñidos están los tapices y ya gastados

los bellos brocados, débil es el centelleo

de los oros

                   ¿pero qué importa?

puesto que ya dio el rey a todos lo suyo

distribuyó los frutos y las simientes

 

y con esta riqueza ahora se deleita:

Nada será guardado

                                     en solitario

recogimiento y en pobreza a la muerte

quiere esperar el rey

 

**

 

Invierno, lenta

estación

 

La única verdadera:

las otras, floridas, un sueño

 

**

 

Ni el tulipán frío

ni las cerúleas barbas

de la glicinia

ni el blanco de mayólica

de la flor de la magnolia

 

sino el relámpago que estalla

de golpe

entre nube y nube

 

esta es la señal

fulgor o flor — abierta

en el lúcido abandono

de un instante

 

**

 

Es lo que vio el viento

 

Encorvado sobre el lago inmóvil

con ojo bizco y lívido un golpear

montañas con la espada erizada de relámpagos

y la selva de los rostros que otro viento

golpea, y oscuro el correr de un río

y el temblor menudo de finas

hierbas infinitas, y los árboles pálidos

de miedo y locura

 

Agitan los acordes repetidos

la multitud jadeante por otro viento

 

**

 

En la casa grande al extremo del prado

se levantaban los cantos de las locas

al principio dulces y lentos, después sobre el llanto

monótono un desesperado grito subía

y se desataba el coro erizado y salvaje

 

Breve, y en el oscuro silencio renacía

después desgarrado el lamento

 

Entristecía los serenos campos alrededor

aquel canto e ignoraba la piedad

pero las desgracias y los males futuros

anunciaba del tiempo

 

**

 

A la primavera

 

Nosotros te habíamos invocado

impacientes de nuestras cadenas

pero al surgir los primeros verdes

como islas de felicidad al fondo

de un inmemorial océano

tuvimos miedo:

estamos aferrados a nuestras leyes

estamos a salvo en el refugio

de nuestras antiguas defensas

 

Pero ya con la urgencia de la sangre

verde crecen las hojas

después se verterán los aromas

y los colores

                      Todo el oriente

tierno de placeres y de engaños

rebosará sobre el severo occidente

 

**

 

¿Por qué escuchamos estas notas conmovedoras

cuando es más dulce el aire

y hechizado está el jardín?

 

¿Por qué no se abren los cofres de cristal

cuando la tierra es pobre?

 

Dulzura se suma solo a dulzura

y la desnudez es más desnuda

en el solitario abandono

 

**

 

No vi más que un río

fluir entre orillas de nieve

 

Fluía implacable y mudo

llevaba consigo su muerte

 

**

 

Será un torbellino silencioso

el que nos llevará

 

Inútil pompa

el rugido fúnebre de los truenos

eco de batallas perdidas

hace mucho tiempo

 

(Trad. Andrés Catalán)

 


 

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