21 de mayo de 2024

'Joven es el tiempo', de Lalla Romano

 

Joven es el tiempo

 

Surcan el aire las golondrinas

y no se agrietan los cielos

refleja el lago las nubes

y el agua no se enturbia

 

Nosotros fugazmente turbamos

con nuestro paso el tiempo

y pronto recobra la esfera

su claridad e igual regresa

 

**

 

Cada otoño rememora la frescura

marchita de las muertas primaveras

 

Se refleja en la paz de las noches

de las mañanas la cándida belleza

 

Así la melancolía de la juventud

transforma el tiempo en sutil placer

 

**

 

Joven es el tiempo

 

Como un muchacho

cae cada noche soñoliento y cansado

y nosotros vemos languidecer el cielo

a lo lejos, tras oscuros arcos de hojas

 

Se despierta feliz

mientras intacta

sobre los absortos jardines y sobre las casas

surge de entre las negras sombras la mañana

 

**

 

 

 

Se asientan los pensamientos de piedra

alrededor, en el cuarto vacío

 

y siguen asentándose

cuando, levantándose por la mañana

los sueños como grandes pájaros

despliegan las perezosas alas

golpeándolas contra los muros y desaparecen

por la ventana abierta

 

**

 

Para algunos

vivir es igual a dormir

visitado por sueños

para otros es un largo insomnio

y tiene como consuelo las voces

 

esa que dice las horas desde lo profundo

esperando su tiempo justo

o el galope desesperado

que se apresura a aparecer de la nada

o, lejos como una incierta amenaza

el zumbido apagado

de la primera tormenta de otoño

 

**

 

Están a este lado de las palabras

las voces

 

Si cruje con su vieja cadena

el pozo prisionero

o es la endecha de la bestia que llora

atada a su pasto eterno

o si abarca las noches

los rediles fatuos de luciérnagas el silencio

o el resuello de la trilladora

 

**

 

A través del furor

a través de la lluvia que chisporrotea

alrededor de la casa

como una selva que arde

de los lejanos cielos olvidados

desciende como un agua pura

casi una melodía

 

**

 

En un coloquio de viento

y de remota

luna y hogueras de gitanos

no encuentro

más que el fiel silencio

y sobre el mudo

rastro de los montes

la luz inmemorial del cielo

 

**

 

El pedregal resulta suave bajo la luna

 

En los horizontes enternecidos un vago

espacio velado de ásperas selvas oscurece

 

Imprudente es el paso

que las serenas y ya muertas apariencias

va cambiando

 

Quieto estaba el corazón como un lago: en el muro

de sombra se estremece si cae de los huertos

remotos el tañido de un hacha

 

**

 

Como la luna roja y procelosa

se pone antes del alba y el día nace

turbio y cansado ya como un atardecer

 

y después en el día lento el sol desciende

envuelto en pálida neblina

y rosada como la luna es su esfera

 

así en un blando crepúsculo descansa

siempre igual la vida que ya tuvo

en la trágica mañana su atardecer

 

**

 

Parecido a una flor el cielo

desde los bordes bermejos yace

ligero sobre la tierra oscura

 

Como una flor caída

lentamente marchita

su sereno color

poco a poco oscurece

 

Cuelga en el cielo profundo

estambres de oro la luna

 

**

 

Octubre como un vino dulce

disuelve en agotada embriaguez

la oscura fiebre que nos quema

 

Con dedos lánguidos el sol

escurre en la roja penumbra

la miel de las lentas horas

 

Pero un raudo tiempo ya viene

con el paso ligero del viento

frágil sobre las hojas secas

 

**

 

El otoño es un rey que da la última fiesta

 

Desteñidos están los tapices y ya gastados

los bellos brocados, débil es el centelleo

de los oros

                   ¿pero qué importa?

puesto que ya dio el rey a todos lo suyo

distribuyó los frutos y las simientes

 

y con esta riqueza ahora se deleita:

Nada será guardado

                                     en solitario

recogimiento y en pobreza a la muerte

quiere esperar el rey

 

**

 

Invierno, lenta

estación

 

La única verdadera:

las otras, floridas, un sueño

 

**

 

Ni el tulipán frío

ni las cerúleas barbas

de la glicinia

ni el blanco de mayólica

de la flor de la magnolia

 

sino el relámpago que estalla

de golpe

entre nube y nube

 

esta es la señal

fulgor o flor — abierta

en el lúcido abandono

de un instante

 

**

 

Es lo que vio el viento

 

Encorvado sobre el lago inmóvil

con ojo bizco y lívido un golpear

montañas con la espada erizada de relámpagos

y la selva de los rostros que otro viento

golpea, y oscuro el correr de un río

y el temblor menudo de finas

hierbas infinitas, y los árboles pálidos

de miedo y locura

 

Agitan los acordes repetidos

la multitud jadeante por otro viento

 

**

 

En la casa grande al extremo del prado

se levantaban los cantos de las locas

al principio dulces y lentos, después sobre el llanto

monótono un desesperado grito subía

y se desataba el coro erizado y salvaje

 

Breve, y en el oscuro silencio renacía

después desgarrado el lamento

 

Entristecía los serenos campos alrededor

aquel canto e ignoraba la piedad

pero las desgracias y los males futuros

anunciaba del tiempo

 

**

 

A la primavera

 

Nosotros te habíamos invocado

impacientes de nuestras cadenas

pero al surgir los primeros verdes

como islas de felicidad al fondo

de un inmemorial océano

tuvimos miedo:

estamos aferrados a nuestras leyes

estamos a salvo en el refugio

de nuestras antiguas defensas

 

Pero ya con la urgencia de la sangre

verde crecen las hojas

después se verterán los aromas

y los colores

                      Todo el oriente

tierno de placeres y de engaños

rebosará sobre el severo occidente

 

**

 

¿Por qué escuchamos estas notas conmovedoras

cuando es más dulce el aire

y hechizado está el jardín?

 

¿Por qué no se abren los cofres de cristal

cuando la tierra es pobre?

 

Dulzura se suma solo a dulzura

y la desnudez es más desnuda

en el solitario abandono

 

**

 

No vi más que un río

fluir entre orillas de nieve

 

Fluía implacable y mudo

llevaba consigo su muerte

 

**

 

Será un torbellino silencioso

el que nos llevará

 

Inútil pompa

el rugido fúnebre de los truenos

eco de batallas perdidas

hace mucho tiempo

 

(Trad. Andrés Catalán)

 


 

No hay comentarios: