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17 de enero de 2012

Un poema de Langston Hughes


¿SERÁ EL DÍA DE LA VICTORIA TAMBIÉN MI DÍA?

Ahí,
La Segunda Guerra Mundial.

Queridos compatriotas americanos,
os escribo esta carta
esperando que los tiempos sean mejores
cuando esta guerra
haya terminado.
Soy un yanki de piel oscura
que conduce un tanque.
Os pregunto, ¿será el Día de la Victoria
también mi día?

Llevo un uniforme de los EE.UU.
He inflingido mucho daño al enemigo,
he hecho retroceder
a los alemanes y a los japoneses,
desde Birmania hasta el Rin.
En cada línea de batalla,
he arrojado derrota
sobre el regazo del fascista.

Soy un negro americano
entregado a defender mi tierra
Ejército, Armada, Fuerzas Aéreas—
ahí estoy.
Transporto municiones,
lucho—o hago de estibador, también.
Me enfrento a la muerte como vosotros
en cualquier sitio.

He visto yacer a mi compañero
en el lugar donde cayó.
Lo he visto morir.
Le prometí que intentaría
hacer de nuestra tierra una tierra
donde su hijo pudiera ser un hombre—
donde no hubiera más pájaros de Jim Crow
en el cielo.

Así que esto es lo que quiero saber:
cuando veamos el resplandor de la Victoria,
¿dejareis todavía que Jim Crow
me retenga?
Cuando toda esa gente extranjera que ha esperado—
italianos, chinos, daneses—sea liberada,
¿seguiré yo siendo un desdichado
porque soy negro?

Aquí en mi tierra natal, mi propia tierra,
¿seguirán vigentes las leyes de Jim Crow?
¿Seguirá Dixie linchándome
cuando regrese?
¿O vosotros, compañeros de armas
de las fábricas y las granjas,
os daréis cuenta que esta guerra
fue luchada para que aprendiéramos?

Cuando me quite el uniforme,
¿estaré a salvo de peligro—
o me haréis a mí lo mismo
que hicieron los alemanes a los judíos?
Cuando haya ayudado a salvar este mundo,
¿seguiré todavía esclavizado al color?
¿O cambiará la Victoria
vuestras ideas anticuadas?

No podéis decir que no luché
para aplastar el poder de los fascistas.
No podéis decir que no estuve con vosotros
en cada batalla.
Como soldado, y como amigo.
Cuando esta guerra llegue a su fin,
¿me meteréis en un coche de Jim Crow
como si fuera ganado?

¿U os pondréis de pie como hombres
en su hogar y tomareis partido
por la Democracia?
Es todo lo que os pido.
Cuando dejemos a un lado las pistolas
para celebrar
nuestro Día de la Victoria
¿será el Día de la Victoria también mi día?
Es todo lo que quiero saber.

     Atentamente,

     GI Joe

(Traducción, A. Catalán)
(El original, aquí)

Langston Hughes en Harlem

30 de junio de 2011

Un poema de la Segunda Guerra Mundial

Anthony Hecht (1923-2004), neoyorkino, sirvió en la división 97 de infantería y luchó en Alemania, Francia y Checoslovaquia durante la Segunda Guerra Mundial. Después, participaría en la ocupación de Japón. Recibió el premio Pulitzer en 1967 por The Hard Hours.


NATURALEZA MUERTA

Un vapor sonámbulo, como un visitante fantasmal,
            flota suspendido sobre un lago
de tennynsoniana calma justo antes del amanecer.
Árboles invertidos y pedruscos tiemblan y se escurren
en la bruñida oscuridad. Plateados destellos apuntan
entre el líquido follaje, y un poco después desaparecen.

Todo está empapado y brillante de humedad.
            Una telaraña, tejida con tirantez
en el bastidor de las puntas dobladas de la hierba,
se comba como un trampolín o la red de un bombero
con todo el oropel y las riquezas que ha atrapado,
cada gota un pisapapeles de cristal de Steuben.

Ningún canto de pájaro aún, ni un grillo, ni una trucha
            explota en los remolinos
en busca de una rasante mosca. Todo está por llegar.
Las cosas están tan detenidas y calmadas a lo largo
de todo el universo como antiguos cuencos chinos,
y la naturaleza permanece espléndidamente muda.

¿Por qué me agita tanto todo esto, como un código
            o un sordo presentimiento
de propósitos y sucesos ya preestablecidos?
Me conoce, y yo reconozco esta forma
de vacilación cautelosa, lista para saltar,
este silencio tan comprimido y tan intenso.

Como en una superficie de agua contemplo
            el primer y suave decreto
de la luz, su pálidas, inaudibles órdenes.
Permanezco junto a un pino en el frío,
justo antes del amanecer, en algún lugar de Alemania,
con un helado, húmedo fusil Garand en mis manos.

(Anthony Hecht, Collected Earlier Poems, New York, Alfred A. Knopf, 1990)

(Traducción de A. Catalán)


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