Y la muerte no tendrá señorío.
Los cadáveres desnudos serán uno
con el hombre del viento y la luna del oeste;
cuando estén roídos sus huesos y sean polvo sus huesos,
las estrellas tendrán a mano y a sus pies;
aunque enloquezcan serán cuerdos,
aunque se hundan en los mares volverán a emerger;
aunque los amantes se pierdan no se perderá el amor;
y la muerte no tendrá señorío.
Y la muerte no tendrá señorío.
Quienes bajo las ondulaciones del mar
yacen desde hace tiempo no morirán en vano;
retorcidos en el potro aunque ceda el tendón,
amarrados a una rueda, no se romperán;
en sus manos la fe podrá partirse en dos,
y el mal del unicornio los atravesará;
separados los miembros no se quebrarán;
y la muerte no tendrá señorío.
Y la muerte no tendrá señorío.
Las gaviotas en sus oídos no gritarán ya más,
ni las olas romperán con estruendo en la costa;
donde brotó una flor no volverá una flor
a elevar su corola al azote de la lluvia;
aunque enloquezcan y estén bien muertos y enterrados,
de los cadáveres florecerán las malvas;
domarán el sol hasta que el sol se rinda,
y la muerte no tendrá señorío.
(Trad. de Andrés Catalán)
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