BUNA
Pies llagados y tierra maldita,
la larga fila en las mañanas grises.
Humea la Buna de sus mil chimeneas,
un día como cualquier otro nos aguarda.
Terribles al alba las sirenas:
«Vosotros, multitud de rostros apagados,
sobre el horror monótono del barro
ha nacido otro día de agonía».
Compañero cansado te veo en el
corazón,
te leo los ojos compañero doliente,
llevas dentro del pecho frío hambre
nada
dentro de ti has quebrado el último
valor.
Compañero canoso eras un hombre
fuerte,
una mujer caminaba a tu lado.
Compañero vacío que ya no tienes
nombre,
hombre abandonado que ya no tienes llanto,
tan pobre que no tienes ya dolor,
tan cansado que no tienes ya miedo,
hombre apagado que fuiste un hombre
fuerte:
si volviéramos a encontrarnos
allí arriba en el amable mundo bajo
el sol,
¿con qué rostro nos veríamos frente
a frente?
28
de diciembre de 1945
CANTAR
... Pero cuando empezamos a cantar
nuestras buenas canciones sin sentido,
entonces sucedió que todas las
cosas
volvieron a ser como habían sido.
Un día no era más que un día:
con siete se completa una semana.
Asesinar nos parecía una maldad;
morirse, una cosa lejana.
Y los meses pasaban rápidamente,
¡pero por delante teníamos tantos!
Éramos de nuevo solamente jóvenes:
ni mártires, ni traidores, ni
santos.
Esto y esto otro se nos ocurría
mientras nos dedicábamos a cantar;
pero eran cosas parecidas a las
nubes,
y difíciles de explicar.
3
de enero de 1946
25 DE FEBRERO
DE 1944
Querría creer en otra cosa
que no sea que la muerte te deshizo.
Querría poder expresar la intensidad
con la que deseamos entonces,
hombres ya hundidos,
poder una vez más juntos
caminar libres bajo el sol.
9
de febrero de 1946
OSTJUDEN
Padres nuestros de esta tierra,
comerciantes de múltiples ingenios,
sabios sagaces de la vasta prole
que Dios sembró por el mundo
como la sal el loco
Ulises en los surcos:
os he encontrado por todas partes,
incontables como la arena del mar,
vosotros pueblo de cerviz altiva,
pobre y tenaz simiente humana.
7
de febrero de 1946
ESPERA
Es esta una época de relámpagos sin
trueno,
Es esta una época de voces no escuchadas,
de sueños inquietos y de vigilia en
vano.
Compañera, no olvides los días
de los largos fáciles silencios,
de las nocturnas amistosas calles,
de la meditación serena,
antes de que caigan las hojas,
antes de que vuelva a cerrarse el
cielo,
antes de que de nuevo nos
despierte,
familiar, delante de nuestras puertas,
el golpear de las botas de hierro.
2
de enero de 1949
PARA
ADOLF EICHMANN
Corre libre el viento por nuestras
llanuras,
bate eterno el mar vivo en nuestras
playas.
El hombre fecunda la tierra, la
tierra le da flores y frutos:
vive en sufrimiento y en alegría,
espera y teme, engendra dulces hijos.
...Y tú has llegado, nuestro
preciado enemigo,
tú, criatura abandonada, hombre rodeado
de muerte.
¿Qué serás capaz de decir ante
nuestra asamblea?
¿Jurarás ante un dios? ¿Qué dios?
¿Bajarás a la tumba alegremente?
¿O lamentarás, como al final se
lamenta el hombre laborioso
cuya vida fue breve para un arte
demasiado largo,
tu malvada obra inacabada,
los trece millones aún con vida?
Oh hijo de la muerte, no te
deseamos la muerte.
Ojalá vivas más tiempo de lo que
nadie ha vivido:
ojalá vivas insomne cinco millones
de noches,
y te visite cada noche el sufrimiento
de todos los que vieron
volverse a cerrar la puerta que
impedía el camino de regreso,
hacerse la oscuridad, el aire
llenarse de muerte.
20 de julio de 1960.
(Traducción de Andrés Catalán y María Bastianes)